"No siempre un hermano es un amigo, pero siempre un amigo será un hermano"
Comenzaba a impacientarme por la aparición de los "buenos muchachos", las luces de los vehículos relamían la húmeda calle quinta con velocidad agitante, con desprecio total al paisaje que que conformaba en una esquina vacia y silenciosa, luces, luces se atropellaban entre sí para desaparecer y ser remplazadas por otras. Plata llamo para alentar mi espera recordando que todo poder humano se compone de paciencia y de tiempo. Pero ¿Cómo conservar la calma mientras la ciudad corría frente a mí?
Tras quince minutos de espera sofocante el maestro apareció junto con Jaime como de la nada, llegaba absorbido por una historia que él le recreaba con la única intención de justificar su labio abofeteado, los aborde en el final feliz de aquella proeza épica que Jaime bien decoraba con su fluida verborragia costeña y los habituales saltos de manos que dibujaban su victoria. El maestro Plata lo escuchaba convencido de que su cuidadoso relato no era más que una catajarria de mentiras, aun así no perdía detalle de ninguna de sus argucias. Mi mirada volvió a Jaime quien había sido especialmente minucioso al peinarse, su trabajo era tan bueno que cualquier incauto ignoraría por completo la región occipital de su cabeza despoblada de cabello, situación que define su ambigua honestidad y sus más lejanos temores. El maestro, en cambio estaba igual que siempre, salvo que se había prevalido de una insubestimable botella de whiskey escocés. Tras esbozar ligeramente mis observaciones comprendí que cada uno de esos detalles anunciaban que aquella no sería una noche ordinaria.
Nos saludamos con afecto, inmediatamente Jaime dicto unas coordenadas que el maestro y yo desconocíamos, entonces, la noche aun temprana y el ambiente navideño nos invitaba a caminar entre los acordes nocturnos de la ciudad desinhibida, con el amparo de las estrellas negras de la calzada avanzábamos sobre las alegrías de Jaime entre sus proyecciones y compulsiones freudianas, los sonidos inaudibles de Plata y sus afectaciones, y asía mis derrotas, acercándonos a nuestras dudas y alejándonos de nuestras mascaras, y asi Cali en cada paso se convierte en una especie de plano de nuestras derrotas eternas y alegrías efímeras.
¡Hemos llegado! Dice Jaime agotado, frente a una angosta y escueta puerta que abría el camino al punto de llegada, adentro todas las fuerzas del edificio se tensionaban en el camino que codicia al recinto en una escalera de ojo hecha de hueso y marfil que se alargaba hasta el inicio del aposento ubicado en el quinto piso del edificio, allí nos recibía una vista periférica de la ciudad sin nosotros, muebles al gusto de cada uno, y un mausoleo donde descansaban descaradamente las piezas más importantes de la música hispana. Intuitivamente poblamos el lugar e hicimos lo propio: adorar la vida de la mano de un buen escocés, razon que valió para bautizar el lugar como el templo.
Gustavo Carvajal
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