En las noches visito mi tumba, miro como los gusanos devoran trepidantemente mi estuche, sobre todo detallo como han esculpido mi brazo izquierdo, como soy diestro les queda más fácil roer el hemisferio izquierdo de mi cuerpo donde los musculos están menos desarrollados. Lo malo de estar muerto es no poder oler, no poder sentir y esta incertidumbre. A mí me da como una curiosidad por oler la caducidad de mi cuerpo mortecino. Después de visitar mi cripta y la de mis amigos me he sentido muy orgulloso porque el mío esta menos descompuesto que el de Maria Isabel y el de Samir. Entonces me voy a dar una vuelta con los vivos, me gusta ser un muerto poder ir a cualquier lugar con tan solo desearlo, como siempre he sido voyerista no me molesta no poder participar de las acciones de los vivos. Me gusta cómo se ven las cosas, cuando estás muerto no vez los paisajes en perspectiva, no, no, todo se ve como si fuera un plano arquitectónico, mas real, sin mentiras, no como los vivos.
Busque entonces a Samir para salir un rato a reirnos de los vivos, levantar faldas en el metro, y enviar tsunamis a los pueblos más pobres. Samo estaba triste de nuevo no soporta el hecho de estar muerto, no lo disfruta como yo, espera reencarnar pronto en un aventurero o acaso en un cantante de salsa, yo insisto en que no existe la reencarnación y que se deshaga de esa utópica quimera antes de que cause daño, siempre es mejor no creer en las promesas del mañana, cuanto penamos cuando nos dimos cuenta que no existía un portón de oro con san Pedro de custodiando ese lugar tibio donde solo se escucha música en vivo de Edid Piaf,Fritzerald, y se llama a la mesa con el canto de la trompeta de Louis Armstrong, las modelos de playboy andan desnudas con alas de pajarraco, mientras uno camina por ahí con una sensación de orgasmo constante y a las seis ahí función de películas de truffault. No hay tal. La muerte no es más que un estado ambulatorio donde la nada es el único contexto.