Seguí con la mirada un grito que exclamaba mi nombre y llegue a ti, tenías un nuevo uniforme y por un segundo fui capaz de recrear íntegramente todos los uniformes en los que te he recogido, como en una secuencia creciente de colores. Desde luego que me conmoví con esa inadvertida aparición de recuerdos, que enunciaban la frialdad del tiempo, la distancia de nuestros cuerpos y el olvido que seremos.
Disimulé mi aflicción con una mueca que quería ser sonrisa y un saludo un poco hostil. Caminabas junto a mi, hermosa e imponente, con todo el esplendor de tu ascenso y el ego hinchado como consecuencia. yo simplemente caminaba orgulloso de encontrarme a su lado, y preocupando por que con cada paso nos acercábamos a una despedida inexorable, ya que tu día como todos tus nuevos itinerarios contaba con compromisos que me discriminan de ti. Lo inevitable no tardo, te marchaste sin pudor y el dolor se quedo acompañándome.
Solo sin la belleza que le imprimías al tiempo, me quejaba quisquillosamente de mi suerte. Me recomendé olvidarte, borrarte de cada uno de mis recuerdos que te incluyen, y así mejorarlos, eliminar uno a uno cada uniforme que te he quitado, cada noche que te he soñado, cada mañana que te he amado, cada sonrisa que te he robado y archivado en mi álbum de sonrisas suyas. El resultado de este proceso será una memoria saludable donde tú nombre no dirá nunca más nada porque será omitido de mi diccionario de pasiones y dolencias.
Por otro lado. A ti te recomiendo recordarme, guardar mi nombre en lo más sagrado de tus recuerdos. Para así quedarme en ti y morir en ti, entre tanto yo viviré con el nuevo “yo” el que no te recuerda ergo, no te necesita. Entonces el día que salgas de la estupidez en la que te han embarcado tus caprichos el arrepentimiento te golpeara, y te sentenciara olvidarme y no sabrás como.
Gustavo Carvajal.
0 comments:
Post a Comment