Wednesday, April 8, 2009

somos tres.

Me escondí en la esquina adyacente, y no sé por qué me quede viendo esa imagen que me torturaba, Naty lo miraba con esa hambre con la que una vez pensé solo podía mirarme a mi, sus ojos le coqueteaban mejor que cualquier piropo, no se con que fuerza me mantenía de pie forzando que mi angustiada respiración no advirtieran a ese par de amantes, y mi aflicción pasara al ridículo al ser descubierta, juro que cuando ella lo agarro por el cuello y se besaron y ella temblaba frente a él como si estuviera riendo, se me desgarro el aliento e ineluctablemente se me escapo un quejido espasmódico desde lo más profundo de mi. Tenía tantas ganas de verlo que no me importo estar en la calle, expuestos a los rumores, no me importo y a el menos, me le insinué en una mirada y lo bese, en ese momento comprendí la enorme torpeza de estar ahí y besarlo en barrio, a tan solo una cuadra de la casa de Jaime, me aterrorice imaginando la reacción de la mama de Jaime si me viera besando a su amigo, y la boleta que me haría pasar con la gente del barrio todo el papelon y el escándalo de esa señora pedante y acomplejada, tras esa reflexión me aleje casi automáticamente de tomas y le explique de nuevo por que teníamos que empezar de manera clandestina, por lo menos hasta que se calmaran las aguas en el barrio. Estaba divina, me encanta encontrarla sin pautar una cita, en alguna cuadra del barrio, me miro como nunca me habían miradoe la mir y comprendí con sorpresa que deseaba un beso, la bese y no podía soltarle la mirada de los ojos que seducían increíblemente, de pronto Naty dio un brinco y me regaño por besar frente a la casa del poca suerte de Jaime, a mi la verdad que ese tema me tenia sin cuidado, pero me aguanto el tema de la clandestinidad siempre y cuando tenga la certeza de que me quiere.

No sé como saque fuerzas para moverme y dejar de auto flagelarme con esa tortuosa escena, deseaba salir y ahorcarlos a los dos, primero a ella y dejar al tartufo de tomas para el final, con el seria mas meticuloso le arrancaría partes del cuerpo y luego se las obligaría a comer a tres cuartos de cocción, este sufrimiento me proporcionaría una diversión inversamente proporcional a la pasión que disfrutan frente a mí. Pero lo único que podía hacer con la dignidad que me quedaba era caminar hasta mi casa forzando rigurosamente que el llanto no se escape de mí.

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Esta es para Andres Caicedo.